Con suave alegría mexicana
deseé irracionalmente
morder tus labios.
No me pareciste bello.
Me incomodaste,
como siempre,
pero me adapté.
El sol no va a ponerse
ni puedo besar atardeceres,
tan sólo entendía tu boca.
Amarga.
Sin esperanza y sin derrota,
bendigo tu mano derecha.
No te debo nada
salvo demasiados poemas.
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