I
Ni tu cuello
ni mi lengua
ni tu polla
ni mis manos.
Tu vientre
por mis dedos estructurado.
A genitales
quedamos reducidos,
sin preludios de piano
removiendo besos.
II
No hallo las preciosas
palabras precisas;
la carne se pudre
atragantada en el esófago.
He caído, rey.
Mutando hasta llegar
a serpiente que trepa
la piel que aún quema
y no conozco.
O zorra
con corazón de lapislázuli
color tierra
que puedes fundir.
III
Te miraré,
mientras me muevo,
a los ojos,
serán devorados
y en sus cuencas
te alzaré un altar.
No me queda arena.
¡Frívolos!
Vive un muerto
en mi cabeza,
respetad mi dolor.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario