Hablaba a los remolinos.
Livianos y caprichosos.
Recolectados en un bonito
tarro de cristal.
Tan frágil como ellos.
Sin respuestas,
sin necesidad
de respuestas.
Buenas noches le digo
a su trasero de arroz
y sus ojillos de tela.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario