La guerra que desconoces
se acaba,
la guerra que empezamos.
Mi ejército pasivo
de palabras delgadas
como soldados cansados
que regresan.
Podemos descansar,
ya hemos ganado
tan poco.
Escucha cómo se acerca
el invasor estival,
aquellas noches frescas
de verano vuelven y
revuelven y yo callo.
Ya no quedan otoños
redentores,
nada que te devuelva
salvo tú y mi voz.
Sólo tus ojos de papel
me enfrentan después
de enfrentarnos.
Todo parece una mentira
muy perfeccionada,
algo irrelevante si
tu atardecer purpúreo
llena mi habitación
y no quiero despedirme.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario