lunes, 28 de julio de 2008

Diez minutos...

Diez minutos
para este gigante
tan pequeño
como tú.
Alimentémonos,
tu estómago
con pan, mi pecho
con la hipnótica
presión de mirarte.
Sólo yo veo la muerte
invisible acechándote,
no quiero verte muerto
al amanecer.
Sólo conoces
mis hombros altos
pero soportas mi peso
en tus alas,
en tu hermoso saludo.
Cuán grande es nuestra
prisión.

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