en que me hallo sola
en la casa de la vergüenza
sé que nunca tendremos un hogar.
Aplasté tus ilusiones
que no fueron sino las mías.
La ilusión diluida en el río carnal;
nunca seremos océano.
Me pregunto dónde duermen
tu amor y tu inocencia;
los devoré para resucitarlos
deformes nuevamente en mí.
Te quiero con un punto y un para,
respirando al borde del volcán,
creando el monstruo que no existe,
un monstruo que ahuyenta el miedo.
Mi amor es una estrella que viaja despacio,
la flor que lenta se abre.
Aunque me deslumbre el sol
y me acaricie el prado.
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