Me arrancaste de la tierra
para enterrarme en ella.
Esta, la única tierra que conozco,
antigua e infértil donde habito.
Derramaste tu luz más cálida
y pura sobre raíces podridas;
luces espectrales, burlonas,
devoradoras de simientes.
Desde los surcos que han dejado
su trazo nervioso
puedo verte, caminando alegre
y despreocupado
con las manos sucias.
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